En un mundo cada vez más marcado por la polarización, el sacerdote hindú Juan Carlos Ramchandani (Pandit Krishna Kripa Dasa) se alza como un puente viviente entre tradiciones, creencias y culturas. Su reciente participación el 23 de mayo en Madrid, durante el evento por el Día Mundial de la Diversidad Cultural y el Diálogo organizado por la Fundación para la Mejora de la Vida, la Cultura y la Sociedad, dejó una profunda huella entre los asistentes y reforzó la necesidad de escuchar y comprender al otro desde la espiritualidad y el respeto.
La jornada, celebrada en la sede de la Iglesia de Scientology, en un salón repleto de convicción y apertura, reunió a cuatro voces destacadas del panorama religioso y espiritual español y un policía, cada una con un mensaje único, pero convergente: la diversidad no divide, enriquece.
Isabel Ayuso-Puente, directora de la Fundación —con estatus consultivo ante la ONU—, abrió el acto con fuerza y claridad: “Este no es un día simbólico sin más. Esto importa”. Defendió el valor del diálogo interreligioso como herramienta concreta para la paz, la justicia y el conocimiento mutuo. Su mensaje humanista y lúcido trazó la dirección de la jornada.
Desde el hinduismo, Ramchandani, llegado desde Ceuta tras un largo trayecto de helicóptero, trenes, y metros, compartió la visión védica sobre la unidad en la diversidad: “Ekam Sat Vipra Bahuda Vadanti – La verdad es una, pero los sabios la llaman con distintos nombres”. Con voz serena y sin dogmatismos, explicó cómo el hinduismo abraza tanto las formas como la energía divina, y cómo el saludo namaste implica un reconocimiento sagrado del otro. Su respeto por otras religiones —“del budismo admiro la compasión, de la cienciología el autoconocimiento”— fue recibido con calidez por un público que lo escuchó, no solo con atención, sino con el corazón.
Luis Morente Leal, presidente de la Unión Budista de España, aportó sabiduría y humor a partes iguales, desmontando la idea de una verdad única e inamovible. “La diversidad no es amenaza, es prueba de que estamos vivos”, afirmó. Su intervención recordó que el amor genuino —incluso hacia aquel que consideramos diferente o distante— es la revolución más profunda.
Desde la Iglesia de Scientology, Mercedes Gómez-Vadillo dio un testimonio sincero y valiente. Confesó los prejuicios que enfrentó y propuso el conocimiento mutuo como vía de superación. “Lo que nos salva es conocernos, escuchar de verdad”, dijo. Su relato fue una lección de empatía y coraje.
El broche lo puso Fernando, de la Unidad de Gestión de la Diversidad de la Policía Municipal de Madrid, quien habló desde su experiencia profesional, pero también desde la sensibilidad humana. Su mensaje fue claro: “Aceptar la diferencia no es una concesión, es comprender que somos iguales precisamente porque somos distintos”.
En este encuentro, la diversidad no fue motivo de tensión, sino fuente de comunión. Y en ese marco plural y respetuoso, Pandit Krishna Kripa Dasa no solo representó al hinduismo, sino a una forma de estar en el mundo que honra la vida espiritual sin imponer, que reconoce lo sagrado en el otro y que canta a la unidad desde el corazón.
Madrid vivió, en esa tarde, algo más que un acto interreligioso: vivió un recordatorio de que cuando hay diálogo sincero, el alma humana reconoce su reflejo incluso en la mirada más distinta.
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